La chispa que incendió la pradera y como un terremoto político y social cambió el rumbo del país hacia un destino incierto, tuvo su punto de arranque en el gran incendio del Metro de Santiago. Una semana de movilizaciones estudiantiles por el alza de la tarifa terminaría con 118 de las 136 estaciones de Metro con algún nivel de daño, 25 estaciones incendiadas y 7 completamente incendiadas; múltiples atentados a portones de peajes y edificios de corporaciones privadas. Una acción estruendosa del pueblo mestizo que catorce días después –estado de excepción constitucional mediante- puso en jaque la vigencia del actual orden jurídico institucional.

El impacto de estas acciones en la operación de Metro fueron cuantificadas en más de 300 millones de dólares y un tiempo estimado de 6 meses para su reparación total, cuestión que por la naturaleza de la empresa, tuvo un impacto en la normalidad del gran Santiago.

Lógicamente, este gran incendio impactó también en el estado de ánimo de los trabajadores de la empresa. El miedo a ser objeto de agresiones, el desamparo al verse encerrados en vías y trenes, la incertidumbre sobre el futuro laboral y la conmoción como ciudadanos del país frente a una situación de esta magnitud, fueron la tónica durante los últimos meses del año recién pasado.

El 18 – O

Para Verónica Basai, conductora de Línea 2, la situación fue sumamente compleja:

“Ese día todo era incierto, todo era un caos y había mucha destrucción. Tuvimos que preparar un tren que ya estaba estacionado y escapamos alrededor de 8 conductores desde Vespucio Norte hacia talleres Lo Ovalle, luego pasamos a recoger a la gente de estaciones, entre ellos a  guardias y trabajadores de boleterías. Mientras tanto, hubieron colegas que tuvieron que esperar hasta 5 horas en los trenes con líneas cerradas y estaciones evacuadas. Llegamos hasta Héroes y tuvimos que devolvernos, finalmente bajamos por L5 hasta Talleres San Eugenio, donde estaban otros colegas y dirigentes de nuestro sindicato esperándonos con vehículos para trasladarnos hasta nuestros hogares. No fue sino hasta llegar a nuestras casas que dimensionamos la magnitud de lo ocurrido. La reacción de los colegas fue estar siempre con la camiseta puesta, rescatar instrumentos de valor, salvar a los colegas, a los trabajadores en general, y el sindicato estuvo siempre en comunicación. Me sentí apañada y protegida en ese sentido”

Lejos de allí, en L4, Joel Zepeda, Vigilante Privado, vivió una situación similar:

“Estuve en Santa Rosa que es una estación compleja, sin embargo, fue peor en Macul, donde algunos colegas tuvieron que arrancar por las vías. Hubo poca coordinación por parte de la empresa y no se tomaron las mejores decisiones, por lo que nos tuvimos que organizar espontáneamente. Utilizamos whatsapp, nos reunimos en la estación más grande y segura que es Vicuña Mackenna, con el inspector nos coordinamos para dejar el armamento de forma segura, para ello nos tuvimos que poner ropa encima del uniforme ya que andábamos uniformados y armados. Fue complejo, pero la descoordinación de la empresa la enfrentamos con la organización de los trabajadores, eso fue lo que permitió que hoy no estemos lamentando algo más grave”.

Las consecuencias

El 18 de octubre inició temprano en el Metro de Santiago. La directiva sindicato mantuvo contacto fluido con sus socios durante toda la jornada y ya alrededor de las 16:00 horas los dirigentes le exigían a la empresa el cierre de toda la red de Metro, sin embargo, desde el gobierno las órdenes iban en sentido contrario, por lo que optaron por desplegarse en la red y en PCC con el objetivo de monitorear la situación e identificar posibles vías de evacuación de los colegas, todo con medios propios.

Para la organización sindical, la jornada terminó de madrugada, después de evacuar a los colegas y chequear que todos estuvieran en sus hogares. Fue el inicio de una semana muy dura donde la incertidumbre reinó en Metro.

En palabras de Daniel Salvatierra, dirigente sindical: “En la mañana siguiente y después de la primera noche de estado de excepción, nos desplegamos en las líneas y nos llevamos una gran sorpresa al ver que las estaciones estaban sin custodia militar, abiertas y con todos los daños a la vista, sin embargo, el gobierno seguía presionando para reabrir la red y continuar con la operación para dar señales de normalidad. Todos los sindicatos logramos sostener una reunión con la empresa y manifestamos que haríamos un llamado a no trabajar ya que no había ninguna garantía de seguridad para nuestros colegas, en la instancia, el Gerente de Personas se comprometió a no realizar acciones de represalia para con los trabajadores que no asistan a sus puestos de trabajo”. Señaló

Si bien la empresa, en las reuniones con las directivas sindicales señalaba constantemente que no habrían represalias para los trabajadores, en la prensa se daban señales ambiguas al respecto, razón por la cual los dirigentes se mantuvieron alerta. Finalmente, la administración presentó a los sindicatos un plan de ajuste con impacto en las condiciones salariales de los trabajadores, cuyo propósito estaba orientado a la recaudación de fondos para la reconstrucción de la red de transporte.

Como respuesta, el 20 de noviembre se realizó una histórica asamblea general de Metro en dependencias de la Central Unitaria de Trabajadores, donde concurrieron socios de todos los sindicatos de la Federación de Sindicatos de Metro. En la instancia, los trabajadores rechazaron el plan de ajuste, logrando detener esta medida gracias a la unidad de las bases y la gestión de los sindicatos asociados.

Esa misma mañana, nuestro sindicato se reunía también con los integrantes del curso para Inspectores de intermodal, quienes fueron notificados de la no renovación de su contrato a plazo fijo hasta una estabilización en las condiciones de la red de transporte y la apertura de las estaciones intermodal.

Los directores sindicales pusieron a disposición el equipo de abogados de la organización junto con asumir el compromiso de exigir en la negociación colectiva la reincorporación de los trabajadores para el mes de abril, en condiciones de contrato indefinido y con las garantías y beneficios que se obtengan en la negociación colectiva. Al mismo tiempo, el grupo quedó coordinado para mantener comunicación permanente con la organización sindical. 

Fue un proceso complejo, en el intertanto nuestra organización sindical tuvo que modificar la planificación de negociación colectiva y establecer una negociación a un año, con la proporcionalidad de beneficios esperados y con el desafío de obtener un resultado favorable en un contexto lleno de obstáculos.

Un balance necesario

A pesar  del adverso escenario, consideramos que el balance es positivo. No hubieron despidos a trabajadores, no se aplicó el congelamiento de salarios, ni se vieron lesionadas nuestras condiciones laborales. Logramos obtener un resultado favorable en nuestra negociación colectiva, la cual fue respaldada con un 84% de aprobación. Al mismo tiempo, los trabajadores demostraron su compromiso con el rol social de la empresa, al ser los primeros en asistir voluntariamente a levantar la red, al responder con auto organización e iniciativa en las contingencias más difíciles y al mantener informado al sindicato oportunamente, cuestión que permitió tomar decisiones acertadas en medio del caos y la incertidumbre.

Sin embargo, el factor determinante para una correcta “navegación en medio de la tormenta” fue la unidad de los trabajadores. Esta unidad se expresó nítidamente en la solidaridad durante las horas más críticas, en las asistencias enérgicas a las asambleas generales del sindicato y la federación, en las reuniones de delegados y asambleas locales en terreno y en el apoyo masivo a las decisiones tomadas por la directiva. Esa lección debe servirnos de aliciente y guía para el trabajo que nos resta durante lo que será un convulsionado 2020: “La unidad nos hace invencibles”